Lóbregas y desalentadoras emociones.

Log 04. Maldita cerda asquerosa.

-¡Bájate las bragas, puta!-.

-Espera un poco, cariño. En seguida me desnudo-.

-No me has entendido, cerda. He dicho que te las bajes AHORA, o te las arranco de cuajo sin la menor contemplación-.

Entonces sin previo aviso la metió un hostión en todo el boquino. Fue un directo con el puño cerrado, y los dientes saltaron como un collar de perlas hecho pedazos. Antes de que la sangre empezara a brotar, le metió un puñetazo en el estómago y ella al inclinarse recibió un rodillazo en plena frente que le hizo ver las estrellas. Entonces comenzó a patearla miserablemente y con saña, con especial hincapié en las costillas; siempre le encantaba el crujido de estas al romperse, y su propósito ahora era quebrar al menos dos de ellas, para que la respiración se le hiciera muy dolorosa a la maldita cerda.

Agarró un cable que tenía por ahí. Era un cable pequeño, de poco más de un metro, pero era pesado y hacía mucho daño. Comenzó a darle zurriagazos con el cable, y a cada latigazo profería un berrido de dolor aún más lastimero que el anterior.

-¡¡Toma, putaaaa, toma, toma, toma, tomaaaa!!-.

-¡Uarggh, uarrggghhhhhh!-.

-Eso es, chilla como la gorrina que eres, ¡puta! te voy a reventar las tetas con este jodido cable, ¡Uooooohhhh!-.

Tras este berrido inhumano comenzó a atizarla con gran fuerza y fiereza; estaba totalmente desbocado, enloquecido hasta tal punto que ella ni se molestaba en pedir clemencia: había desaparecido todo atisbo de piedad y compasión en él.

Ahora verás, ¡ahora si que te voy a matar! ¡Ya no quiero follarte ni oírte nunca más!

Entonces agarró un tronco -un leño- que tenía en la cocina para hacer el hogar. Era enorme y muy pesado, pero él poseía una gran fuerza, además de la que el odio le confería.

-¡Uuuuarrgggggh!-.

Sólo fue necesario un certero impacto con el tronco para convertir su cabeza en pulpa. La masa encefálica salía por una inmensa protuberancia causada por el grave traumatismo, y los trocitos de cráneo y cuero cabelludo yacían esparcidos por el suelo. No sufrió, aunque un apenas perceptible gorgoteo duró varios segundos para finalmente perecer como la guarra cerda que siempre había sido.

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