Lóbregas y desalentadoras emociones.

Uncategorized

Log 08. Leche para los pequeños. (1)

El chaval no tendría más de 18 o 19 años, pero ya mostraba un aspecto de lo más patético, lamentable y prematuramente envejecido.  Su piel era de un color cetrino y siempre parecía estar enfermo; asimismo, su inteligencia era más bien escasa, y aunque no se le había diagnosticado ningún tipo de retraso mental resultaba obvio que el chico era un perfecto imbécil a todos los niveles.

Como no podía ser de otra manera, su madre era la perfecta tirana, y sometía a su desgraciado vástago a todo tipo de humillaciones, vejándole tanto en público como en continuas torturas dentro de su propia casa, de la cual el chico rara vez salía: no estudiaba ni trabajaba, y era sometido a efectuar las tareas domésticas como un miserable ceniciento por su dictatorial madre.

Un sujeto tan sumamente despreciable y una madre con una personalidad a todas luces psicopática fueron el reclamo perfecto para una compañía farmacéutica de dudosa de reputación, de la que ya se rumoreaban con inmenso temor algunos casos de experimentación con humanos para Dios sabe qué oscuros propósitos. Los directivos de la compañía nunca hacían acto de aparición pública, y siempre eran sus representantes, unos tipos de una palidez mortecina quienes se mostraban en las brevísimas ruedas de prensa para presentar sus productos al mercado, siendo la nota predominante de las mismas la brevedad y un halo de anormalidad que hacía enmudecer a todos los allí presentes. Una vez finalizadas estas sesiones, los representantes se marchaban sin proferir palabra alguna.

La madre del chaval había sido captada por los siniestros directivos de la ignominiosa farmacéutica; lo cual propició el inicio del auténtico calvario del pobre chaval, que, a pesar de haber sido siempre víctima de numerosos abusos por parte de su dominante madre, jamás imaginó que el auténtico infierno aún estaba por llegar.

Continúa en la próxima entrada…

Anuncios

Log 07. Voy a hacerte trizas (3)

—Pero antes de proceder con mi gran proyecto ¡te joderé por última vez!

Él ya tenía la polla bien tiesa y se la metió hasta el corvejón a traición. Ella estaba totalmente empapada de leche, así que al no haber apenas fricción solo sintió su embestida y un ruido similar a un chapoteo.  Dio unas cuántas culadas y como ya había inseminado su coño lo bastante como para preñarla le sacó la polla y la dirigió directamente a su cara.

—Toma, leche, puta, toma leche, hasta la última gota… voy a correrme, en un instante, uohhhh, ¡¡uaaarrgh!!

Chorritos de tibio esperma salieron disparados con gran fuerza contra el rostro de la preciosa rubia, cayendo algunos de ellos también sobre su deslumbrante cabellera. Su semen era muy cremoso y ella pareció disfrutarlo a pesar de la delicada y trágica situación en la que se encontraba. Entonces él se dio la vuelta, aún en pelotas y apareció ante ella con la jeringa más grande que había visto jamás.

—Ya ha llegado tu hora, cacho puta ¡cacho cerda! Despídete de toda tu belleza, porque te la voy a arrancar de cuajo con todo mi instrumental quirúrgico… ¡de una vez por todas!

Acto seguido hundió con saña la inmensa y goteante aguja sobre una de sus preciosas tetas. Ella aulló de dolor y en cuestión de segundos cayó en el sopor de la anestesia. Todo se iba difuminando paulatinamente, y lo último que pudo atisbar era una polla cuyo glande aún goteaba semen.

Y despertó flotando en un mar de dolor. A pesar de los sedantes y anestésicos, estaba claro que algo andaba mal. No solo sabía a ciencia cierta que carecía de extremidades ya que, a pesar de sentir que aún las tenía, resultaba evidente que habían sido amputadas. Esto le causó una ansiedad sin parangón, pero aún peor fue la ausencia de visión: el hijo de puta no sólo la dejó ciega, sino que directamente extrajo sus globos oculares de sus cuencas, que ahora permanecían totalmente vacías. Sintió un gran dolor en las nalgas y el pecho, ahora inexistentes, pues habían sido cercenados tal y como el prometió. Tampoco escuchó sonido alguno, así que dedujo que la sordera que ahora padecía muy probablemente fuera irreversible a causa de la destructiva intervención. Un escozor inhumano le llegaba directamente desde la entrepierna: la prometida ablación había sido efectuada con éxito, así que también pudo despedirse para siempre de sus otrora intensísimos orgasmos; auténticas bombas de placer que la hacían gritar hasta que las paredes temblaban.

Intentó chillar de desesperación, pero un dolor sordo le atenazó la garganta y la boca, cuyos labios habían desaparecido; parte de la lengua al parecer también, ya que no pudo sentirla en el interior de lo que horas antes era una boca sensual, jugosa y deseable. Un escozor en la garganta la advirtió que posiblemente sus cuerdas vocales también podrían haber sido intencionadamente agredidas por el ágil y enfermizo bisturí de este Mengele de la nueva era. Todo esto fue padeciendo entre un dolor y sufrimiento infinitos, ya al borde de la locura y la desesperación, hasta que sintió el peso macizo de un tipo extremadamente obeso: efectivamente, a pesar de su horrible estado, una legión de enfermos mentales y psicópatas en potencia continuarían violándola repetidamente, y el buen doctor se encargaría de mantenerla con vida el mayor tiempo posible para así prolongar su agonía por siempre jamás.


Log 06. Voy a hacerte trizas (2).

Había enmudecido por completo. Pronto comenzó a notar cómo el terror y la ansiedad atenazaban su garganta como una garra invisible, y ya había olvidado por completo que el hombre se la había tirado a lo bestia hace escasos minutos. Su coño de hecho aún goteaba semen, y aún seguía abierta de patas, pero estaba totalmente desinhibida; lo cierto es que tenía un aspecto entre cándido y sensual, y el deseó follársela una vez más, quizás incluso sintió un deje de lástima por ella. Pero rápidamente le relató las siguientes palabras, y todo atisbo de compasión desapareció tan rápido como llegó.

—Mira, voy a ser claro y conciso. Soy cirujano, y voy a someterte a una larga y complicada intervención quirúrgica. Lo haré yo sólo, y resultará agotador, pero me propuse hacerlo muchos años atrás y por fin ha llegado el momento definitivo.

Ella se quedó unos segundos sin saber qué responder. Estaba hermosísima, toda abierta de piernas aún, con su larga y centelleante cabellera rubia cayendo en cascada sobre sus pechos perfectos, rematados por pezones rosados de una dulzura sin igual.

—¿Qué… clase de intervención? Pero si yo me encuentro perfectamente…

—Oh, querida, eso ya lo sé. Como ya te dije soy médico, y no hubiera disfrutado de un polvazo así si fueras una mujer enferma. De hecho es precisamente tu gran belleza y perfecta salud lo que te convierte en un espécimen idóneo para la operación.

Ahora si que estaba totalmente aterrorizada; aún así, quería saber que es lo que este maldito loco malnacido le tenía reservado. Él sonreía sardónicamente, y al parecer no sólo por el disfrute que su bello cuerpo le proporcionaba.

—Jejejeh, mira, te lo diré de una vez. Voy a someterte a una amputación masiva de todos los miembros de tu cuerpo, así, a grosso modo. En una primera intervención cercenaré tus extremidades: adiós a brazos y piernas, querida. Después te rebanaré esas preciosas tetas tuyas, además de las nalgas y el clítoris; y por último me cebaré con tu bello rostro, haciendo desaparecer a golpe de bisturí ojos, nariz, boca y orejas. Pero eso no es todo: en breve seguiré dándote detalles de tu inminente metamorfosis.

Continúa en la próxima entrada…


Log 06. Voy a hacerte trizas (1).

—Tranquila, no te voy a matar. Sólo voy a follarte a saco, y después te contaré lo que voy a hacer contigo.

Estaba esposada de manos y pies, aunque la cadena de las piernas era lo bastante larga como para que aquel tipo delgado y con gafas pudiera abrirla de piernas, y así hizo: sin muchas ceremonias le incrustó su enorme polla y ella no pudo reprimir un grito de dolor. La tenía larga y gruesa, y la estaba destrozando en cada embestida.

—Eso es, puta, quiero oírte gritar, ¡zorra asquerosa!. Quiero que sepas que voy a llenarte el coño de leche, porque mi intención es dejarte preñada. Tengo planes para ti, y te puedo asegurar que voy a hacer un gran trabajo contigo, pero refinado de verdad, mmmppphh…

El continuó violándola con tremendo gustazo. Era una rubia bastante potente, con buenas piernas y fantásticos muslos, rematados en un culo prieto y redondo. Entonces empezó a dar fuertes culadas y se corrió en su coño, expulsando un enorme chorro en cada estertor del intenso orgasmo.

—Eso es, puta, toma leche, ¡tómala toda, uuuooohhhmmmppfff!.. ya te dije que quiero dejarte embarazada y no puedes ni imaginar el porqué… lo vas a lamentar, ¡zorra!.

Siguió jodiéndola durante toda la noche. Sin duda había tomado algún fármaco similar a la viagra, ya que su polla siempre estaba enhiesta tras las múltiples corridas que, una tras otra, iban inundando su coño, anegándolo de semen hasta que este comenzó a gotear copiosamente.

—Bien, ya es suficiente, cerda. Me lo he pasado de miedo, tienes un cuerpazo increíble y un coño de lo más prieto.

—Me has hecho muchísimo daño; ahora que ya te has quedado a gusto, ¿qué es lo que quieres de mí?.

—No quiero nada de ti, bueno, lo quiero todo, es decir, que voy a acabar contigo, pero no te preocupes, no es matarte lo que tengo en mente…

—¿Qué cojones significa eso? Dijiste que querías dejarme embarazada, pero al mismo tiempo dices que vas a acabar conmigo, pero que no vas a matarme; ya que me has jodido de mala manera y a la fuerza, creo que lo justo es que me des una explicación…

—¡Y la tendrás, maldita puta!.

Entonces la arreó un bofetón en todo el boquino. Sorprendentemente no le partió el labio, pero la mejilla y la comisura de la zona afectada comenzó a enrojecer y su ojo izquierdo comenzó a lagrimear, quedando el otro intacto.

—Y ahora escúchame. Te dije que tenía planes para tí. Seguramente con toda la cantidad de leche que te he inseminado quedarás preñada. Pero no podrás tocar a ese bebé, ni acunarlo, ni darle de mamar, ni siquiera podrás oír su llanto. Porque voy a hacerte trizas.

Continúa en la próxima entrada…


Log 05. ¡¡Jódete, jódete!!

Y entonces arremetió contra ella, profiriendo un escalofriante alarido de rabia y desesperación. Ella a su vez chilló, pero fue un grito de sorpresa y terror. El rostro de él estaba totalmente desquiciado: siguió chillando hasta que el grito se tornó ronco y terrible y acto seguido se lanzó hacia ella. Por un momento estuvieron abrazados; casi parecían una pareja de enamorados, hasta que él se encaramó sobre su cabeza, aún chillando y con las facciones desencajadas, y comenzó a atacar la cabeza de ella con extraños golpes que le propinaba con las puntas de los dedos sobre la coronilla. Si bien estos ataques apenas obraron ningún daño de importancia sobre ella, si que lograron el objetivo de desconcertarla. Entonces él intentó mordisquear su cuero cabelludo aprovechando su privilegiada posición, lastimándose en el proceso e incluso partiéndose un incisivo.

Mientras tanto, ella estaba demasiado confundida para saber qué hacer. Él estaba sobre ella, golpeando con las manos y mordisqueando, así que procedió a intentar estrellarlo contra una pared. Comenzó a dar varios pasos cuando de repente el comenzó a atacar sus ojos. Hundió con saña sus sucias uñacas en las cavidades oculares de ella, lastimando gravemente uno de sus ojos. El otro quedó a salvo por un pelo; si no hubiera zarandeado su propio cuerpo probablemente hubiera quedado ciega y a merced de su agresor. Con uno de sus ojos severamente dañado y castigado, consiguió desequilibrarle lo bastante como para poder intentar desembarazarse de su mortal presa. Pero el seguía intentando escarbar en el ojo sano, así que no le quedó más remedio que intentar con todas sus fuerzas arrojar al hombre que, de manera enloquecida, castigaba su rostro a cada golpe de sus infectadas zarpas.

Él había comenzado a desgarrar cartílagos de sus mejillas e incluso se aferró con saña en el interior de la boca de ella. Infructuosamente,  seguía intentando arrojar a su agresor al suelo mientras éste laceraba el tierno interior de su boca; lengua y encías fueron progresivamente tornándose en una masa sanguinolenta. Sus gritos eran cada vez más desesperados e inhumanos y el dolor que ella sentía era indescriptible, además del gran handicap que suponía la ceguera -ya total- de uno de sus ojos.

Entonces el comenzó a hurgar en sus orejas con esos dedazos asesinos culminados en afiladas uñas, ya cubiertas de sangre y tejidos faciales. Entonces fue cuando ella renovó sus esfuerzos por arrojarlo y se lanzó a la carrera ciegamente; no tardaría mucho en toparse con una pared, y así fue. El impacto fue tremendo y se dio un enorme hostión en el hombro, dislocándose de inmediato entre un dolor indescriptible;  y un chasquido que hizo temblar todo su cuerpo como una hoja, pero había logrado su objetivo: la frente de él choco con una de las tuberías que había en la pared, la cual empezó a sangrar profusamente. Ahora estaba aturdido y quizás ella tuviera una oportunidad. Lo primero que pensó fue en escapar, pero al ver como él yacía en el suelo semi-inconsciente pensó en la idea de rematarlo. Así que le metió una patada en los cojones con todas sus fuerzas y buscó un arma que poder usar. De pronto vio un extintor en la pared, lo descolgó y lo arrojó contra el torso de él, que ya comenzaba a levantarse.

La mala suerte quiso que errase el tiro y el extintor dio contra el suelo con un ruido sordo y una explosión de espuma blanca rodeó parte de la estancia; entonces él, con prodigiosa rapidez, agarró una de sus tetas con ambas manos. Comenzó a tironear de manera insana, gritando y chillando y balbuceando incongruencias y riendo como un poseso. El rostro de ella era un mar de lágrimas y la viva imagen de un sufrimiento infinito. Cuando la carne de su pecho comenzó a desgarrarse y amoratarse, de pronto él lanzó un bocado bestial sobre el pecho que aún le quedaba intacto, y comenzó a arrancar cartílagos y escupirlos en cada mordisco. La otra teta no era ya más que un colgajo sanguinolento. Entonces él, en un brusco cambio de táctica le soltó las tetas y arremetió contra ella en un uno-dos-uno-dos directo a la cara de ella, ya carmesí. Eran como una suerte de púgiles enloquecidos, salvo que uno de ellos estaba totalmente intacto, mientras que el rostro de ella no era más que una ruina de carne ensangrentada. Siguió golpeando y en cada puñetazo una lluvia de sangre y cartílagos salía despedida por todas partes. Pronto llegaron a una de las ventanas abiertas y ella fue arrojada como un pelele inerte. La caída hubiera sido limpia de no haber chocado con el tejado de fibra de vidrio que había más abajo, perteneciente a las cocinas. Este, al quebrarse, hizo pedazos el cuerpo de ella, que cayó en gruesos y bastos trozos sobre las ollas y fogones, como si algún dios macabro hubiera arrojado carnaza sobre los humanos que quisieran alimentarse de ella. Estuvieron varias horas recogiendo vísceras, tejidos, huesos rotos y sanguinolentos e incluso parte de la mandíbula no apareció hasta varios días después, oculta en un rincón que no había sido inspeccionado. Todos estuvieron muy contentos con la muerte de ella, especialmente por haber sido tan violenta, y él fue condecorado y vitoreado por su gran labor: había asesinado a esa jodida psicópata de una vez por todas.


Log 04. Maldita cerda asquerosa.

-¡Bájate las bragas, puta!-.

-Espera un poco, cariño. En seguida me desnudo-.

-No me has entendido, cerda. He dicho que te las bajes AHORA, o te las arranco de cuajo sin la menor contemplación-.

Entonces sin previo aviso la metió un hostión en todo el boquino. Fue un directo con el puño cerrado, y los dientes saltaron como un collar de perlas hecho pedazos. Antes de que la sangre empezara a brotar, le metió un puñetazo en el estómago y ella al inclinarse recibió un rodillazo en plena frente que le hizo ver las estrellas. Entonces comenzó a patearla miserablemente y con saña, con especial hincapié en las costillas; siempre le encantaba el crujido de estas al romperse, y su propósito ahora era quebrar al menos dos de ellas, para que la respiración se le hiciera muy dolorosa a la maldita cerda.

Agarró un cable que tenía por ahí. Era un cable pequeño, de poco más de un metro, pero era pesado y hacía mucho daño. Comenzó a darle zurriagazos con el cable, y a cada latigazo profería un berrido de dolor aún más lastimero que el anterior.

-¡¡Toma, putaaaa, toma, toma, toma, tomaaaa!!-.

-¡Uarggh, uarrggghhhhhh!-.

-Eso es, chilla como la gorrina que eres, ¡puta! te voy a reventar las tetas con este jodido cable, ¡Uooooohhhh!-.

Tras este berrido inhumano comenzó a atizarla con gran fuerza y fiereza; estaba totalmente desbocado, enloquecido hasta tal punto que ella ni se molestaba en pedir clemencia: había desaparecido todo atisbo de piedad y compasión en él.

Ahora verás, ¡ahora si que te voy a matar! ¡Ya no quiero follarte ni oírte nunca más!

Entonces agarró un tronco -un leño- que tenía en la cocina para hacer el hogar. Era enorme y muy pesado, pero él poseía una gran fuerza, además de la que el odio le confería.

-¡Uuuuarrgggggh!-.

Sólo fue necesario un certero impacto con el tronco para convertir su cabeza en pulpa. La masa encefálica salía por una inmensa protuberancia causada por el grave traumatismo, y los trocitos de cráneo y cuero cabelludo yacían esparcidos por el suelo. No sufrió, aunque un apenas perceptible gorgoteo duró varios segundos para finalmente perecer como la guarra cerda que siempre había sido.


Log 02. I Luv Games.


 Siempre me ha encantado jugar videojuegos. Lo hago desde que tengo uso de razón, y lo  sigo haciendo con renovadas energías y una  pasión irrefrenable. Quizás sea la  sensación  de control lo que más me fascina, de interacción con algo que, pese a ser meramente  virtual,  transmite  sensaciones muy cercanas a las de cualquier placer terrenal;        las endorfinas  que uno  segrega con el ocio electrónico no difieren  mucho de las de  echar un  buen  polvo,  saborear un ragut de ternera, leer una novela o deleitarse con la  música. Es  por  ello  que  nadie debería dejar de jugar jamás; abandonar este  pasatiempo  no os hará  madurar  en modo alguno.